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Agurain ha dado el paso de ser una localidad cuya economía se basaba mayoritariamente en el campo, a ser en la actualidad un polo de desarrollo industrial. Esta evolución ha sido gradual. Ya a mediados del siglo XVIII se establecen en la villa una curtiduría, actividad que ha llegado hasta nuestros días, y varias tejerías en las ergoienas. En 1850 se constata que hay varias serrerías y otros oficios van mecanizándose. El ferrocarril, por aquellos años, supondrá un motor para el desarrollo, como lo será a principios del siglo XX el paso de la NI por las mismas puertas de la villa. Por esa época tendrá gran importancia el relanzamiento de la alfarería, con la especialización en la azulejería artística. En la última década del siglo XIX se fundó la fábrica de barnices Dionisio Preciado, iniciándose en el interior de los muros para luego en el siglo XX trasladarse al exterior, concretamente a las Eras de San Martín.
A pesar de las guerras sufridas desde 1795 hasta 1939, Agurain se consolida como capital de un entorno rural, a través de sus mercados de los martes y de las industrias derivadas de la agricultura, la ganadería y lo forestal, como las harineras, los curtidos o las serrerías, tradición que aún se conserva, modernizada con los derivados de la patata y los quesos. La primera harinera de todo el Territorio Histórico de Álava se construye en Agurain en el año 1848, sobre un antiguo molino hidráulico. Sin embargo su duración fue corta, ya que en 1855 una epidemia de cólera y posteriormente la Segunda Guerra Carlista provocó su decadencia, paralizando su actividad definitivamente en 1918. Sin embargo, el auténtico salto hacia la industrialización, tendrá lugar a partir de los años sesenta, con el consiguiente salto demográfico.
Agurain pasará de tener 1.415 habitantes en 1848, a 2.296 en 1950, 3.614 en 1986 y 4.407 según el último censo.
