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Lope de Larrea
Pedro Lope de Larrea nació en Agurain a finales de noviembre de 1540.
Fue el maestro más notable del manierismo romanista en Álava. De los primeros treinta años de la vida del escultor, no existe noticia alguna. Sin embargo a partir de 1570, aparecen diferentes referencias artísticas suyas en Gipuzkoa, Álava y Navarra. En sus inicios recibió el influjo del guipuzcoano Juan de Antxieta, reconocido escultor guipuzcoano, con el que colaboró en ocasiones y en otras compitió por la adjudicación de diversas obras; no obstante llegaron a ser grandes amigos, aconsejándose mutuamente. Se casó con Petronila Durán y tuvieron varios hijos. Cuatro de ellos nacieron en Salvatierra-Agurain, y el resto en aquellos lugares en los que era contratado para trabajar. Los hijos varones colaboraron en el taller de su padre y las hijas se casaron con artistas vinculados al taller. El marido de una de sus hijas Pedro de Unzueta, arquitecto y entallador, colaboró en diferentes ocasiones con él. Su hijo Pedro Lope de Larrea fue otro escultor de renombre para la Villa.
Aunque vivió algunos años en Navarra, la mayor parte de su vida la pasó en Salvatierra. Su casa, así como su taller, se situaban en la calle Zapatería, en una casa lindante con las murallas. El contacto con diversos artistas de la época, influenció en la obra de Lope de Larrea. Además del ya citado Antxieta, uno de los más relevantes fue su maestro Pierre Picart, escultor francés afincado en Salvatierra y con el que trabajó en diversos proyectos, llegando a convertirse en socios. Otra influencia destacable fue la de Fray Juan de Beauves, considerado como uno de los mejores escultores navarros.
Su obra es religiosa en su mayor parte, incluyendo retablos, sepulcros e imágenes, aunque no se descarta su trabajo en los escudos de la Villa. Se inscribe, dentro del contexto renacentista, en el estilo denominado manierismo romanista, aunque su obra tenía marcado carácter reposado y naturalista. Los materiales que utilizó en sus trabajos fueron principalmente la madera habitualmente policromada, que utilizaba especialmente para retablos e imágenes exentas, el alabastro, para el sepulcro de Don Rodrigo de Vicuña, y la piedra caliza para el sepulcro de los Ordóñana, el retablo de San Francisco en Salvatierra y algunos blasones nobiliarios.
Dentro de su obra se distinguen tres momentos. El primero de ellos con fuertes influencias romanistas vascas, tendiendo a una equilibrada idealización de sus obras. La segunda fase comienza a partir de 1585, cuando esa idealización se acentúa más, siendo más evidente su estilo manierista. La etapa final se da a finales del siglo XVI, donde mantiene obras con características idealizadas y percepción normal, pero avanzando hacia un proceso de sintetización formal.
Realizó numerosos retablos en Álava y Navarra, siendo su mejor obra el de Santa María de Agurain.
Vivió el incendio de la villa en 1564, tras el cual, en el marco de su reconstrucción, puso en marcha un taller que llegaría a ser el más prolífico del norte de la península ibérica. Fue contratado para realizar el retablo mayor de la iglesia de Santa María el año 1584, trabajando en él hasta su muerte el 13 de diciembre de 1623, cuando su estilo había evolucionado ya hacia el barroco con influencias de Gregorio Fernández.
