Antiguamente era una festividad para despedir a los mozos de la Villa que iban a cumplir el servicio Militar. Durante varios años esta celebración dejó de tener lugar. En 1998 se volvió a instaurar. Se celebra en febrero. El viernes a la tarde los jóvenes que ese año cumplen la mayoría de edad, se juntan vestidos con el traje tradicional vasco y hacen una cuestación por las empresas de la Villa. El sábado a la mañana se pide por las casas y, a continuación, se va a misa, realizando una ofrenda floral. Después de comer todos juntos, se celebra un pasacalles por todo el pueblo, acompañados de una charanga y a media tarde los quintos ofrecen txistorra y sidra en la Plaza de Santa María. A la noche se va a cenar y continúa la fiesta.